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San Salvador

¿Quién era Roberto d'Auibuisson?
séptima entrega

02 de Junio de 2008

El nacimiento de ARENA

Roberto d'Aubuisson comenzó a dar conferencias de prensa y a presentarse en diversos eventos públicos en todo el país. Se sabía dónde iba a estar en determinado momento, pero no dónde vivía ni cómo se movilizaba, eso era un misterio que muy pocas personas conocían.

Geovani Galeas

Imágenes del archivo de Carlos d'Auibuisson

redaccion@centroamerica21.com

A partir de ese momento todo fue un vértigo. Roberto d'Aubuisson giró invitaciones a 300 personas para presentar el nuevo proyecto. La cita era en el hotel Cortijo Reforma, de la capital guatemalteca, el 2 de mayo de 1981. Pero para entonces, los ataques propagandísticos del gobierno demócrata cristiano contra d'Aubuisson se habían recrudecido, y cualquier vínculo con él se volvía un riesgo. De modo que a la cita sólo acudieron 34 de los invitados, lo cual no desanimó al político en ciernes.

El problema consistía en que esos ataques propagandísticos no eran en absoluto irrelevantes. Desde el control del gobierno, la democracia cristiana tenía un amplísimo margen de maniobra para multiplicar la frecuencia y los alcances de esa propaganda, que tenía como centro la denuncia permanente de una supuesta vinculación  directa, a nivel de jefatura máxima, de d'Aubuisson con los más atroces asesinatos políticos perpetrados a lo largo del año por los escuadrones de la muerte.

Fundada o infundada, el hecho es que esa campaña minaba gravemente la imagen de el mayor d'Aubuisson, no ante sus afines que, por supuesto, daban por sentada la falsedad de esas imputaciones, sino ante la población en general. Pero, sobre todo, esa campaña tenía importantes repercusiones en los círculos políticos internacionales. Un considerable sector de la prensa mundial, incluyendo los más importantes medios estadounidenses, por ejemplo, comenzaban a dar por ciertas esas acusaciones, la más grave de las cuales ligaba a d'Aubuisson al magnicidio de Monseñor Romero, en calidad de autor intelectual.

El impacto de esas imputaciones no sólo tenía que ver con el creciente número de esos crímenes, sino también con el increíble nivel de crueldad con que eran perpetrados. Las fotos de personas que aparecían decapitadas o despellejadas o, en fin, horriblemente cercenadas, circulaban vertiginosamente en el mundo y, en muchos casos, periodistas y medios las relacionaban al nombre de Roberto d'Aubuisson. 

En sus mensajes televisivos, d'Aubuisson negaba su participación en esos hechos y afirmaba que todo era un montaje fabricado por sus adversarios, pero advertía que dada su situación de exilio y semiclandestinidad, no contaba con los medios para contrarrestar eficazmente tal campaña de desprestigio a su persona. 

El nacimiento de ARENA

En septiembre de ese mismo año, 1980, Roberto d'Aubuisson ya estaba en San Salvador con todos sus allegados. Tenía la cabeza plena de ideas, el corazón rebosante de entusiasmo y la voluntad más que templada, pero el bolsillo estaba vacío y su seguridad personal era sumamente vulnerable. Otro problema grave era que muchos que tenían simpatía por su causa, también tenían miedo de que se les relacionara públicamente con él.

El mayor comenzó a dar conferencias de prensa y a presentarse en diversos eventos públicos. Se sabía dónde iba a estar en determinado momento, pero no dónde vivía ni cómo se movilizaba, eso era un misterio que muy pocas personas conocían.

-Antonio Cornejo Arango, Willy Alemán y yo lo movíamos en nuestros carros particulares -cuenta Fernando Sagrera-. Don Mario Radaelli nos había prestado un escritorio en su oficina, en la colonia Escalón, y ahí establecimos la primera base de operaciones del partido en formación. Roberto siempre improvisaba el lugar donde iba a dormir. Terminaba la jornada diaria y decía llévenme a la casa de Eusebio Argueta, Any de Avila, Mario Radaelli o Virginia Aberle, o la de éste o aquél amigo, pero en realidad no había muchas opciones. La gente tenía miedo, y lo entendíamos. Eso era natural dada la situación de guerra que vivía el país.

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-¿Ustedes eran sus guardaespaldas?­

-No. Éramos sus amigos. Claro, entre nosotros había un pacto implícito: preservar la vida de Roberto a costa de la nuestra en cualquier circunstancia. Estábamos conscientes de que el proyecto en el cual creíamos dependía fundamentalmente de la capacidad, los conocimientos y el carisma personal de Roberto. 

-¿Cómo estaba organizado el trabajo?

-Lo recogíamos invariablemente a las 6 de la mañana. Los lunes y los martes se dedicaban al trabajo de papeleo del partido en nuestra oficinita en casa de Radaelli, y también a contactos políticos en San Salvador. Los días restantes de la semana nos la pasábamos en el interior del país, visitando los lugares más remotos, incluso las zonas ya controladas por la guerrilla. Estábamos retomando todo el trabajo organizativo que habíamos comenzado con el FAN en 1980, pero ahora ya diseminando la idea del partido, los esbozos de lo que luego serían las catorce directivas departamentales.

-¿Eran peligrosas esas giras, no?

-Si pero ya estábamos acostumbrados a todo eso. Además hay una cosa que cualquiera que conoció a Roberto, incluso sus enemigos, pueden confirmarle. Estar con él era una fiesta en todos los sentidos. Ese hombre tenía una vitalidad y un sentido del humor increíble... De todo el trabajo político, lo que más disfrutaba Roberto eran esas giras: el contacto con la gente sencilla, la comida humilde pero exquisita a que nos convidaban en los pueblos y los cantones, la alegría de saber que más y más gente estaba con nosotros a pesar de todos los riegos que eso implicaba.

-¿Quiénes eran en ese momento los asesores políticos de d'Aubuisson?

-Se formó un primer consejo asesor conformado por doña Gloria Pinto de Martínez y doña Maty de Argumedo, Dr. Armando Calderon Nuila, Dr. Ricardo Avila Moreira, Dr. Antonio Rodríguez Porht, Dr, Sydney Manzini, Dr, Armando Calderón Sol, Gral. Antonio Enrique Aguirre, Cnel. Mario Rosales y Rosales, Cnel. Juan Martínez Varela, Ing. Constantino Rampone, Guillermo Sol Bang y Ulises González, entre otros. Ellos contribuyeron en todo lo legal y lo conceptual. Ya con los principios y los estatutos redactados y aprobados, reunir las 3 mil firmas necesarias para legalizar el partido fue cosa de 15 días. Y así fue como el 30 de septiembre de 1981 se firmó el acta constitutiva de ARENA.

-¿Cómo financiaron toda esa actividad?

-Pues a puro juelgo y saliva. Al principio haciendo cabudas entre nosotros mismos. Luego, al compás del crecimiento, se fue organizando formalmente el equipo que organizaba eventos para recaudar fondos y pedía contribuciones voluntarias a los amigos y simpatizantes, y ahí el Sector Femenino volvió a ser fundamental con su esfuerzo y sus iniciativas.

Un refugio para el nómada

Una tarde de noviembre de 1981 don Hugo Barrera recibió una llamada telefónica inquietante. Su amiga Eda de Trabanino le informaba que "alguien" estaba muy interesado en hablar con él a la brevedad. "¿De quién se trata?", preguntó don Hugo. La respuesta volvió a dejarlo en el aire: "Es el ingeniero González, te ruego que lo recibas". Una hora después el tal ingeniero González tocaba a su puerta. Don Hugo y su esposa, doña Carmen Elena, reconocieron de inmediato a Roberto d'Aubisson. Nunca lo habían visto en persona, pero sí muchas veces en los diarios y la televisión.

Doña Carmen Elena no solía participar en las reuniones privadas de su esposo, pero en aquella ocasión le pidió acompañarlo. El famoso personaje del que se decían tantas y tan contradictorias cosas resultó un hombre sencillo, de trato amable y campechano, por el que sintieron una simpatía inmediata. El tema fue la situación nacional y el nuevo partido político que el mayor encabezaba y para el cual requería apoyo.

-La gran calidad humana de Roberto se percibía de inmediato y eso era impresionante -dice doña Carmen Elena.

-Y no era menos impresionante su claridad mental, su capacidad de síntesis y su habilidad expositiva -agrega don Hugo.

Hugo Barrera tenía entonces 42 años y era ya uno de los empresarios más exitosos del país. A la muerte de su padre, un coronel de la Guardia Nacional, su familia quedó prácticamente en la calle. A los 21 años de edad, en 1959, el joven había llegado a trabajar a una pequeña fábrica de productos alimenticios que contaba con 24 empleados. Allí organizó un innovador sistema de ventas que en poco tiempo hizo crecer el negocio a niveles inimaginados. Don Hugo entró entonces a la sociedad propietaria. Esa fábrica, llamada Diana, es ahora una de las industrias emblemáticas de El Salvador.

En octubre de 1977, unos empleados que la guerrilla había logrado infiltrar en su fábrica habían intentado asesinarlo. El empresario salió del incidente con varios balazos en su cuerpo. Desde entonces, y en respuesta al deterioro cada vez mayor de la situación del país, él había intentado organizar movimientos políticos por medio de las gremiales empresariales. "El problema es que éramos empresarios y de política no sabíamos nada", reconoce. Cuando escuchó el planteamiento de d'Aubuisson no vaciló un segundo en sumarse a lo que el mayor denominaba "la gran cruzada por la salvación nacional".

La plática se había prolongado hasta la madrugada sin que ellos se percataran. De pronto d'Aubuisson vio el reloj y se pegó un manotazo en frente. Su esposa y sus hijos lo estaban esperando desde la media tarde. "¿Dónde vive usted?", le preguntó don Hugo. "Donde me agarra la noche", respondió el mayor, y agregó: "ese es el problema, que dejé a Yolanda en casa de un amigo. Tengo que ir por ellos y buscar dónde quedarnos". Don Hugo y doña Carmen Elena se cruzaron una mirada y no necesitaron palabras. "Pues quédense aquí", dijo don Hugo de forma espontánea. Casi diez meses vivió d'Aubuisson y su familia en la residencia de los Barrera.

Don Hugo se metió de lleno a las actividades organizativas del nuevo partido, y fue nombrado vicepresidente de organización. Doña Carmen Elena se integró al Sector Femenino como activista de pega y pinta y recolectora de fondos. Roberto d'Aubuisson explicó a sus amigos el clic con el empresario: "Hugo encarna al salvadoreño trabajador que triunfa gracias a su esfuerzo y su inteligencia personal. El es una prueba viviente de la bondad de la economía libre y del sistema de valores que defendemos".

El partido ARENA era ya una realidad, y se inscribió como tal en el Consejo Central de Elecciones el 4 de diciembre de 1981. Tenía un ideario básico, una estructura nacional, una bandera, un himno y un líder indiscutido. Sólo faltaban cuatro meses para la contienda electoral de la Asamblea Constituyente. Roberto d'Aubuisson comenzaba una nueva etapa de su vida.

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