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San Salvador 

¿Quién era Roberto d'Aubuisson?
octava entrega

09 de Junio de 2008

 

Un nuevo escenario para

d´Aubuisson

  

 

Geovani Galeas

redaccion@centroamerica21.com

Imágenes del archivo de Carlos d'Aubuisson

 

 Roberto d'Aubuisson desplegó una energía impresionante y recorrió el país entero en sus giras proselitistas incesantes, llegando incluso a incursionar temerariamente en zonas de clara influencia insurgente. Con un lenguaje directo, sencillo y no pocas veces irónico y hasta folclórico, entusiasmaba a sus simpatizantes hasta los linderos del fervor, lo que generaba una mística muy particular en torno a su persona.

 

A mediados de enero de 1982, Roberto d'Aubuisson emergía en pleno de la semiclandestinidad en la que se había mantenido desde octubre de 1979. Pero la luz pública no aminoró el mito sobre su persona. Por el contrario, la intensa actividad proselitista que protagonizó de cara a las elecciones de marzo, la cual fue centrada casi exclusivamente sobre su carisma personal por parte de los estrategas de ARENA, intensificó su doble leyenda de héroe para unos, y de villano para otros.

Mientras tanto, la guerra había llegado a su primer año. Habiendo fracasado en la llamada "ofensiva final" de enero de 1981, el FMLN se había replegado a las zonas rurales bajo la consigna de "resisistir, desarrollarse y avanzar". Aunque la jefatura de las Fuerzas Armadas lo negaba, era evidente que los insurgentes controlaban al menos una cuarta parte del territorio nacional, y que estaba en marcha un proceso de crecimiento cuantitativo y cualitativo de sus fuerzas, lo cual comenzaba a expresarse en una serie de operaciones militares de mayor envergadura, complejidad y coordinación entre los distintos frentes guerrilleros. 

Según los analistas de la época, la Fuerza Armada no estaba preparada en ese momento para una guerra de carácter irregular, y había comenzado a depender de la asesoría y la ayuda económica de los Estados Unidos. En los años anteriores, de 1971 a 1979, la ayuda norteamericana hacia El Salvador había sido de 15. 6 millones de dólares anuales en promedio. Pero entre 1980 y 1982, esa ayuda se había incrementado hasta alcanzar los 178. 1 millones de dólares anuales. Ya para entonces el Secretario de Estado de Ronald Reagan, el general Alexander Haig, había aceptado públicamente que la correlación de fuerzas en El Salvador podía definirse como un empate, y era claro que nadie esperaba un desenlace rápido de la situación.

Las elecciones tendrían que celebrarse bajo las balas. Aunque los partidos en contienda eran seis ( PDC, ARENA, PCN, AD, POP Y PPS), en realidad los únicos con alguna expectativa de triunfo eran la Democracia Cristiana y la emergente ARENA. La campaña en efecto se polarizó entre ambas opciones, y cobró matices dramáticos en los enfrentamientos verbales y las estrategias propagandísticas. Los demócratas cristianos no centraron su discurso sobre su propia oferta, y más bien se empeñaron en la desautorización moral de d'Aubuisson, a partir de las antiguas acusaciones que lo relacionaban con el asesinato de Monseñor Romero y con los escuadrones de la muerte, sombra que lo perseguiría durante el resto de su vida.

Roberto d'Aubuisson por su parte, insistió en dos factores: la denuncia de que "los pescados", en forma velada pero artera formaban parte de la conspiración comunista -él sostenía que la izquierda siempre ha combinado en su estrategia dos vías hacia la toma del poder: la pacífica y la violenta, y afirmaba que mientras el FMLN se encargaba de la segunda, la Democracia Cristiana implementaba la primera, pero en un plan concertado.

El otro factor era su decisión de poner fin a la guerra mediante golpes militares más fuertes y contundentes. Mientras la Democracia Cristiana intentaba persuadir a la población de que un posible triunfo arenero incrementaría la violencia en el país hasta los límites del horror, ARENA blandía acusaciones de torpeza, corrupción y colaboracionismo de los demócratas cristianos con la izquierda.

Roberto d'Aubuisson desplegó una energía impresionante y recorrió el país entero en sus giras proselitistas incesantes, llegando incluso a incursionar temerariamente en zonas de clara influencia insurgente. Con un lenguaje directo, sencillo y no pocas veces irónico y hasta folclórico, entusiasmaba a sus simpatizantes hasta los linderos del fervor, lo que generaba una mística muy particular en torno a su persona: "Esos pescados corruptos, que han terminado de quebrar al país con sus incompetencias y sus sinvergüenzadas, son como las sandías: verdes por fuera pero rojos por dentro", decía.

Y comenzaba a perfilarse una pugna tenaz que terminaría encarnándose en los dos hombres que marcaron la época con sus personalidades: el ingeniero José Napoleón Duarte, líder indiscutido de la Democracia Cristiana, y el mayor Roberto d'Aubuisson, fundador y máximo jefe de ARENA. Pese a las difíciles condiciones imperantes, los comicios tuvieron lugar el 22 de marzo, en medio de una muy vaga e incoherente estrategia de boicot militar por parte del FMLN. Al final del evento electoral, las autoridades anunciaron que habían votado poco más de un millón 266 mil salvadoreños. La Democracia Cristiana consiguió el 40. 3% (24 diputados) ARENA, el 29.3% (19 diputados) y el Partido de Conciliación Nacional el 19.2% (14 diputados).

A Roberto d'Aubuisson no lo descorazonó el resultado. Por el contrario, lo vio como un logro importante en la medida en que su partido había nacido apenas unos meses antes. Pero también valoró el hecho de que, a pesar de la intensa campaña de desprestigio en su contra, tantos salvadoreños le tributaran su confianza. Por otra parte, los demócratas cristianos se consolidaban como la primera fuerza política del país, pero sus números no le garantizaban la mayoría necesaria para lograr el control de la Asamblea Constituyente, lo cual relativizaba su triunfo. Roberto d'Aubuisson negoció hábilmente una alianza con el resto de partidos de derecha, lo que le agenció el control y la presidencia de la Constituyente. Pero luego de ese éxito vendría una de las primeras pruebas de fuego para su liderazgo político.

La decisión de los jefes

Algo que siempre condicionó la visión y la actividad política del mayor d'Aubuisson, fue el cordón umbilical que lo ligaba a la Fuerza Armada, su institución madre que lo había formado y a la cual había servido durante veinte años. De hecho, todos sus mensajes públicos estaban siempre dirigidos al pueblo salvadoreño y a la institución armada. Y si bien es cierto que siempre contó con amigos incondicionales en los cuarteles, también es cierto que tenía acérrimos detractores dentro de los mismos. Y lo sabía.

Pasada la guerra, en 1995, Fermán Cienfuegos, que había sido miembro de la Comandancia General del FMLN, ofreció una conferencia en el Centro de Altos Estudios Estratégicos del Estado Mayor de la Fuerza Armada. Ahí reveló un secreto: la historia privada entre la guerrilla y un sector de la oficialidad del Ejército Nacional "Teníamos infiltrado al ejército. Era un núcleo marxista, una red de oficiales que duró desde 1975 a 1979", dijo. Y en su libro "Crónica entre los espejos" relata lo siguiente:

"En 1975 se organiza un movimiento de oficiales en la Fuerza Armada. Tenientes, capitanes y mayores. Era el Movimiento de la Juventud Militar en alianza con la guerrilla del ERP-RN, para derrocar por la insurrección de los cuarteles, a los cincuenta oficiales fascistas que servían a la oligarquía". Y más adelante detalla que, en 1979, se reunió clandestinamente con un oficial de enlace del coronel Majano en las gradas solitarias del estadio Flor Blanca.

Por su parte, en libro de Marta Harneker "Con la mirada en alto, historia de la FPL", el ex comandante guerrillero y ahora coordinador general del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, declara que: "Antes del golpe del 79, las organizaciones del FMLN mantenían relaciones con militares. Al producirse el golpe, estas relaciones se estrecharon, permitiendo en algunos cuarteles el contacto con la tropa. La mayoría de estos militares habían suscrito la Proclama de octubre. Al ser traicionada la Proclama, parte de ellos decidieron apoyar los planes insurrecciónales del FMLN".

Roberto d'Aubuisson lo sabía, pero no sólo tuvo problemas con "el núcleo marxista" infiltrado en el ejército. Según él, otro sector de la jefatura militar había pactado con los norteamericanos la llegada de la Democracia Cristiana al poder, comprometiéndose, a cambio de ayuda militar, a respaldar las reformas duartistas, y a implementar la modalidad de guerra de baja intensidad contra el FMLN. Roberto d'Aubuisson y sus amigos dentro de la Fuerza Armada, creían que esa modalidad combativa, que ya había fracasado en Vietnam, no era la apropiada para el conflicto salvadoreño. Esa convicción lo enfrentaba con los jefes militares que habían asumido la conducción de la guerra. Y fue de parte de ellos que le vino el primer golpe político después de las elecciones de 1982. No son muchos los salvadoreños que conocen ese oscuro pasaje de la historia.

Julio Adolfo Rey Prendes: "en política dos más dos no son cuatro"

Julio Adolfo Rey Prendes había sido parte del grupo fundador del Partido Demócrata Cristiano en los años sesentas, y pertenecía a su alta dirigencia desde entonces. Había dirigido la campaña electoral y tenía fama de ser el operador político más astuto de Napoleón Duarte. Ahora, en un relativo retiro político, aferrado al eterno cigarrillo que el doctor le ha  prohibido estrictamente pero en vano, recuerda aquellos sucesos:

-Una vez instalada la Asamblea Constituyente, la Junta de Gobierno perdía razón de ser y se imponía el nombramiento de un Presidente provisional de la República.

-¿Por los números, esa presidencia le correspondía a ARENA, no?

-Eso pensaban todos. Unos periodistas me dijeron lo mismo y yo les advertí lo siguiente: "en política, dos más dos no siempre son cuatro, señores. Esperen y ya verán una sorpresa", les dije... Por supuesto, los areneros ya se hacían en Casa Presidencial.

-¿Y que fue lo que sucedió?

-Lo imaginable. El alto mando de la Fuerza Armada nos mandó llamar a cada partido por separado a la Residencia Presidencial, pero entiendo que a todos se nos planteó lo mismo. El de la voz cantante era el general José Guillermo García, ministro de Defensa en ese entonces. "Vean", nos dijo, "para la presidencia de la República nosotros los militares les proponemos tres opciones, entre las que ustedes deberán elegir: el doctor Reynaldo Galindo Pohl, el doctor René Fortín Magaña y el doctor Alvaro Magaña".

-¿Porqué se decidieron todos por Alvaro Magaña?

-Es que en realidad no elegimos porque ciertamente no habían tres opciones, eso fue sólo una manera de decir de los militares... El general García nos dijo: "Galindo Pohl está fuera del país, y además no quiere aceptar; Fortín Magaña no nos gusta porque ya se ha metido en política, y nosotros no queremos un político en esto. Nos parece que el hombre debe ser Alvaro Magaña"... El mensaje era clarísimo y todos tuvimos que aceptar.

-¿Pero por qué se oponían los militares a que ARENA llegara a la presidencia?

-Eso no lo sé, pregúnteselo a ellos... Aunque le diré que Napoleón Duarte, después de las elecciones, presionó a los militares para que no permitieran que d'Aubuisson fuera nombrado Presidente de la República. Quizá eso fue un factor, pero habría que considerar si la decisión se tomó aquí o en Washington.

-Pero si Ronald Reagan parecía un aliado natural de d'Aubuisson, al menos si se consideran sus discursos de campaña.

-Puede ser, pero recuerde que la Cámara de Representantes del Congreso, dominado por el Partido Demócrata, continuaba exigiendo a Ronald Reagan condicionar la ayuda militar a a las reformas y al respeto de los derechos humanos de la población... Y ya sabe usted que, en ese punto, d'Aubuisson no tenía precisamente la mejor imagen en relación a los demócratas gringos.

Con las primeras planas en contra

En efecto, algunos periodistas norteamericanos, haciéndose eco de las denuncias de los adversarios del mayor, habían comenzado a publicar reportajes en que éste aparecía como un violento líder nazi-fascista. Por supuesto, d'Aubuisson y sus colaboradores denunciaban esas publicaciones como un montaje novelesco totalmente alejado de la verdad. Yo mismo, en mis indagaciones, no he encontrado absolutamente nada que relacione en algún momento a Roberto d'Aubuisson con el nazi-fascismo, ni al nivel de la simbología de su movimiento, ni algún planteamiento mínimamente relacionado al estatismo que caracteriza a los nazi-fascistas. Por el contrario, Roberto d'Aubuisson mostró desde el inicio de su lucha un radical anti estatismo.

Pero un malentendido reforzó esas versiones y asustó aun más a los demócratas norteamericanos. Willy Alemán, que había colaborado con d'Aubuisson desde la época del FAN, fue abordado por unos reporteros internacionales a principios de 1982. Uno de ellos le preguntó si él consideraba necesario tirar napalm sobre las posiciones guerrilleras en las montañas. "Yo no veo por qué no hacerlo, ¿acaso ustedes los norteamericanos no usaron napalm en Vietnam?", respondió Willy un poco al desgaire.

Al día siguiente en primeras planas de varios importantes periódicos del mundo, se decía con tono de escándalo que un importante lugarteniente de Roberto d'Aubuisson clamaba por el uso del napalm en El Salvador. Y se daba por sentado que eso sucedería, sin duda, de llegar ARENA a triunfar en las elecciones. Roberto d'Aubuisson montó en cólera, reconvino duramente a Willy y declaró públicamente que esos no eran sus planes. Pero su aclaratoria no fue publicada por los grandes medios. Willy Alemán pasó a ser jocosamente "Willy Napalm" desde entonces.

La Constituyente a cambio de la presidencia

Por su parte, Hugo Barrera confirma la reunión entre los partidos y los jefes militares. "Nosotros fuimos los últimos en ser convocados", dice, "fuimos Antonio Cornejo Arango, Fernando Sagrera, Roberto y yo, pero sólo nos dejaron entrar a Roberto y a mi. Ahí estaba el general José Guillermo García con unos setenta militares. Lo que nos dijeron es que querían el ministerio de Hacienda, el de Defensa, el Banco Hipotecario y apoyo para Álvaro Magaña como Presidente provisional de la República. Yo no acepté y les reclamé algo airado, Roberto razonó su posición en contra de ese planteamiento pero sí estaba muy molesto con los militares. Al final, como ya todos los otros partidos se habían plegado, nosotros no pudimos imponernos, aunque lo intentamos.

-Sé que eso generó un momento crítico para Roberto d'Aubuisson, me han dicho que cuando la decisión fue comunicada en la Asamblea, algunos areneros lo abuchearon, y alguien llegó incluso a tirar una monedas sugiriendo una traición.

-Si, hubo cierta incomprensión en ese momento, sobre todo porque los números legitimaban que la presidencia provisional recayera en nosotros. La gente en un principio no comprendió que ya no nos habían dejado opción y muchos se sintieron frustrados... Pero luego explicamos lo sucedido, y Roberto los persuadió de que la presidencia de la Asamblea Constituyente era más importante. Y, en efecto, lo era... Sí, fue una pequeña crisis aquella, pero muy pasajera y no tuvo mayores consecuencias al interior del partido.

 

 

  

 

           

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