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San Salvador

¿Quién era Roberto d'Aubuisson?

16 de Junio de 2008

Joaquín Villalobos:

Por qué no matamos a

d'Aubuisson

 

  

"A nosotros d'Aubuisson nos servía más vivo que muerto", me dijo Villalobos. La razón es sencilla: d'Aubuisson tenía problemas graves con varios sectores de poder: con parte del gran capital, con parte de la Fuerza Armada, con parte de la Administración norteamericana y con la Democracia Cristiana. Esa suma de problemas se traducían en un importante factor de inestabilidad en el conjunto de nuestros adversarios.

 

Geovani Galeas

redaccion@centroamerica21.com

En los momentos en que redactaba la presente entrega de este reportaje, recibí una llamada desde Oxford, Inglaterra. Era el ex comandante guerrillero Joaquín Villalobos que quería responder a una pregunta que yo le había formulado a Ana Guadalupe Martínez, y que ella no supo responder. La pregunta era si la guerrilla se había propuesto en algún momento eliminar a Roberto d'Aubuisson.

"A nosotros d'Aubuisson nos servía más vivo que muerto", me dijo Villalobos. La razón es sencilla: d'Aubuisson tenía problemas graves con varios sectores de poder: con parte del gran capital, con parte de la Fuerza Armada, con parte de la Administración norteamericana y con la Democracia Cristiana. Esa suma de problemas se traducían en un importante factor de inestabilidad en el conjunto de nuestros adversarios. Por otra parte, ARENA, pero particularmente d'Aubuisson, ya habían perdido completamente la batalla mediática, por lo menos en el terreno internacional, y eso nos beneficiaba".

Villalobos detalló aún más: "En una ocasión, allá por 1988, Roberto d'Aubuisson tuvo un contacto secreto con unos de nuestros cuadros, con la intención de mandarnos un mensaje confidencial. El caso es que luego de explicar su mensaje, le hizo a nuestro compañero la misma pregunta que usted le hizo a Ana Guadalupe: la razón por la cual nosotros no habíamos intentado matarlo. La respuesta del compañero fue exactamente que él nos servía más vivo que muerto".

Le pregunté a Villalobos si sabía cómo había reaccionado d'Aubuisson. "Si, el compañero me contó que había captado perfectamente y de inmediato la base de sustentación de nuestro razonamiento, a tal punto que su respuesta al compañero fue de antología: ‘Puta, ustedes sí que son perversos', le dijo".

Aprovechando la ocasión, le pido a Villalobos una evaluación general del liderazgo de Roberto d'Aubuisson. "Eso podría hacerlo en otra ocasión, con más detenimiento. Pero puedo avanzarle una historia significativa: antes de que terminara la guerra, tuve una reunión con Ignacio Ellacuría en Managua. Esa reunión fue trascendental para mí sobre todo por tres cosas que el padre Ellacuría me dijo, y que yo no logré comprender del todo en aquél momento. La primera: que Alfredo Cristiani quería negociar en serio el fin del conflicto. La segunda: que el proyecto económico de Cristiani sería exitoso. La tercera: que la vida parlamentaria había cambiado verdaderamente a Roberto d'Aubuisson, en el sentido de privilegiar las ideas por sobre el uso de la fuerza".

 

A puro juelgo y saliva

Roberto d'Aubuisson llegó a la presidencia de la Asamblea Constituyente sin saber prácticamente nada de las dinámicas protocolarias ni de otras formalidades sutiles que allí imperan. Mucho menos sabían sus dos antiguos amigos, Fernando Sagrera y Antonio Cornejo Arango, a quienes había llevado en calidad de secretarios particulares.

 

-Ahí prácticamente nos tocó empezar otra vez de cero y de nuevo a puro juelgo y saliva -cuenta Sagrera-. Roberto no sabía los procedimientos, es cierto, pero todo lo captaba muy rápido, y en poco tiempo ya se movía como pez en el agua en el recinto legislativo. Claro, la responsabilidad que habíamos asumido era enorme y compleja, nada menos que redactar la nueva Carta Magna, y no bastaba con sólo la disposición y la buena voluntad. Ahí Roberto pidió consejo y aprendió de todos. Incluso muchos de nuestros adversarios políticos, que habían llegado a satanizarnos, al conocernos de cerca y trabajar juntos, cambiaron sus ideas respecto a nosotros...

 

-¿Cómo trabajaron en la Constitución?

-De día y de noche, peleando cada palabra, cada coma y cada punto. Consultando con medio mundo y leyendo libros especializados. Durante todo un año prácticamente no hicimos otra cosa. Roberto decía que esa Constitución era la garantía del futuro del país, y se consagró por entero a trabajarla en buena armonía con los otros diputados que eran nuestros adversarios.

Uno de esos adversarios era el doctor Julio Adolfo Rey Prendes, a quien Roberto d'Aubuisson había llamado "Rey zope" y "Drácula"  durante la campaña electoral, en defensa de las puyas que aquél solía lanzarle.

 

-¿Cómo conoció usted a Roberto d'Aubuisson? -le pregunto a Rey Prendes.

-La primera vez que tuve noticias, fue cuando lo capturaron en la finca San Luis. Duarte y los militares de la Junta examinaron en Casa Presidencial varios documentos que le habían sido incautados durante la captura, y parece que encontraron algunos datos que aparentemente lo conectaban con el asesinato de Monseñor Romero.

 

-¿Sólo aparentemente?

-Bueno, allí no habían pruebas concretas de nada, sólo algunos indicios que le permitieron a Duarte hacer elucubraciones al respecto. Lo que pasa es que Napoleón Duarte no era un hombre de matices, para él las cosas solo podían ser blancas o negras, y por alguna razón se convenció de una vez y para siempre que d'Aubuisson era negro. Y ya no era posible que pensara otra cosa.

 

-¿Me está diciendo que usted, que tuvo mucho poder en Casa Presidencial en ese tiempo, nunca tuvo en sus manos una prueba concreta contra Roberto d'Aubuisson?

-Nunca.

 

-Pero usted llegó a decir que si se liberaba a d'Aubuisson, después de lo de la finca San Luis, la Democracia Cristiana se retiraría del gobierno...

-No recuerdo haber dicho eso... Pero si lo dije, bueno, yo estaba siguiendo la línea trazada por el gobierno en aquel momento... Para ilustrarle un poco como era la relación entre d'Aubuisson y Duarte, le voy a contar algo que pasó después, cuando Duarte ganó las elecciones presidenciales de 1984. Un día se me acerca Roberto y me dice que le consiga una cita con Duarte, que en ese momento era ya el presidente electo aunque aún no había asumido el cargo. A mí me sorprendió aquel pedido pero consideré que acercar a aquellos dos líderes podía tener algún provecho para el país. Con mucho esfuerzo logre convencer a Duarte de que aceptara y nos reunimos aquí en mi casa.

 

-¿Cuál era la intención de d'Aubuisson?

-Yo no lo sabía. Pero lo que dijo allí en la reunión dejaba ver que lo que estaba sondeando era la posibilidad de conformar un gobierno de unidad nacional ante lo crítico de la situación con respecto a la guerrilla.

 

-¿Llegó a expresarlo claramente?

-No, solo como sondeo, pero estoy seguro que de eso se trataba.

 

-¿Cómo reaccionó Duarte?

-Eso fue lo bueno de la historia. Cuando d'Aubuisson comenzó a decir que él representaba una fuerza política significativa, y que tenía el apoyo de un sector del la Fuerza Armada y de algunos importantes congresistas norteamericanos, Duarte se paró indignado y le dijo: "¡Usted no es nadie, usted sólo es el secretario general de un partido político y yo soy el presidente electo de este país. Si quiere hablar de política con la Democracia Cristiana, hágalo con el secretario general de mi partido, yo no tengo nada que hablar con usted!"... Y sin decir nada más salió de la habitación.

 

-¿Qué hizo d'Aubuisson?

-Ni modo, tuvo que tragarse la humillación muy a su pesar... Pero eso nunca se lo perdonó a Duarte, y ya después fue bastante grosero en algunas declaraciones contra él, hasta llegar a los sarcasmos más crueles. Entre esos dos hombres no había conciliación posible, y esa imposibilidad no fue provechosa para el país.

 

-¿Por qué actuó Duarte de esa manera tan poco política?

-Porque él no era un político en ese sentido. Era un líder nato, si, pero no era un político. Tenía prejuicios sobre Roberto d'Aubuisson y esos prejuicios lo dominaban.  

-Me sorprende que diga usted esto, sobre todo tomando en cuenta el encono que hubo entre d'Aubuisson y usted a nivel de declaraciones públicas.

 

-Pero eso es precisamente una cosa política, parte del discurso electoral, nada personal. Nuestras relaciones en la Asamblea fueron cordiales, cada uno con su estilo propio, eso si. Y no es que llegáramos a ser amigos íntimos, pero puedo decirle que en política, en cierto sentido, fui unos de los maestros de d'Aubuisson.

 

-Vaya, eso es nuevo para mí...

-Le doy un ejemplo. Cuando él estaba recién llegado a la Constituyente, en una ocasión hicimos un compromiso con relación al nombramiento del presidente de la Corte Suprema de Justicia. Nosotros habíamos propuesto al doctor Fidel Chávez Mena y sólo nos faltaba el apoyo de Roberto d'Aubuisson. Negociamos y pactamos que votaría a nuestro favor. En eso hubo un cambio a última hora: Alvaro Magaña decidió que Fidel Chávez Mena se quedara en Relaciones Exteriores. Entonces nosotros propusimos otro demócrata cristiano. A la hora de la votación d'Aubisson no nos apoyó.

 

-No cumplió el pacto...

-No. Alegó que él se había comprometido por Fidel Chávez Mena, y que el cambio de nombre lo relevaba del compromiso adquirido. Eso era una triquiñuela. Entonces yo lo llamé aparte y le dije: "Mirá, Roberto, si querés ser un político de paso, está bien que no cumplás tus compromisos y que intentés ganar a fuerza de vivezas. Pero si de verdad querés ser un político relevante, tenés que pactar y cumplir siempre con lo pactado. Si no es así, no vas a llegar muy lejos como político, te lo aseguro". Roberto se quedó pensando y me dijo "hombre, Fito, tenés razón. Y te agradezco esta leccioncita". Y así fue, en adelante, Roberto cumplió con sus compromisos. Y logramos trabajar muy bien en la Constituyente.

 

-¿Qué impresión general tiene ahora de Roberto d'Aubuisson?

-Yo creo que era un hombre muy inteligente, dueño de un gran carisma personal, un excelente comunicador que lograba gran empatía con la población, y creo que era un político honrado. Ahora bien, estoy de acuerdo en que él era un hombre que, de no haberse dado las circunstancias precisas de aquel momento, hubiera sido un hombre común, un militar sin más. El liderazgo de Roberto d'Aubuisson fue el resultado de la combinación de una suma de circunstancias históricas excepcionales.

 

-¿Cómo evalúa el legado de Roberto d'Aubuisson al país?

Julio Adolfo Rey Prendes medita un largo rato su respuesta. A mí no se me oculta que estoy frente a un zorro político que mide el peso y el alcance de cada una de sus palabras. Y no me extraña que su respuesta sea en clave, sólo que se trata de una clave que a fuerza de sutileza me deja un poco fuera de la jugada:

-Mire, entre Napoleón Duarte y Roberto d'Aubuisson, que fueron los dos líderes de la época, yo hubiera preferido al doctor José Francisco Guerrero como conductor del país en aquellos momentos.

 

A la altura de diciembre de 1983, una vez lista la nueva Carta Magna, Roberto d'Aubuisson, acaso ya cansado de los protocolos, los trajes y las oficinas, depositó la presidencia de la Asamblea en un suplente y se fue a preparar la campaña presidencial que tendría lugar en 1984.

-Volvimos a los que nos gustaba -dice Fernando Sagrera-, a las giras políticas por todo el país, al contacto vivo con la gente, la relación cercana con nuestras bases. No había hombre más feliz que Roberto d'Aubuisson entonces, entregado por completo a diseminar su mensaje entre la gente sencilla de los campos y ciudades de nuestro país... ¿A qué pueblo no fuimos, a quién no le dio un abrazo y un apretón de manos Roberto? Allá andábamos de nuevo comiendo salteado y durmiendo donde nos agarraba la noche, en catres de pita o en hamacas, pero contentos y cada vez más seguro de que nuestro esfuerzo valía la pena.

(Continuará)

 

 

 

           

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